ADRA ayuda a comunidad indígena que abriga a refugiados venezolanos


Indígenas venezolanos forman filas para recibir ayuda (Foto: Henrique Rodrígues)

Recientemente, la frontera de Venezuela con Brasil fue cerrada, impidiendo la ayuda humanitaria que se estaba enviando al pueblo venezolano, generando protestas en la población y con eso, ocasionando innumerables conflictos, especialmente en las ciudades y comunidades fronterizas. En una de esas confrontaciones, una comunidad indígena del país vecino fue afectada, generando miedo y terror.

Como un medio de sobrevivencia, cientos de esos indígenas atravesaron la frontera con Brasil y fueron recibidos por una comunidad indígena brasileña, situada en la región de São Marcos, que queda en las inmediaciones de la ciudad de Pacaraima, en Roraima. De acuerdo con el líder de la comunidad, el tuchaua Aldino Alves, ellos mantienen cerca de 260 personas, pero con la recepción de los que migraron, el número se triplicó, manteniendo actualmente más de mil personas, con la previsión de la llegada de otros refugiados.

“Al comenzar el conflicto en la comunidad del otro lado, recibimos el pedido de ayuda y en seguida comenzamos a ayudar mientras llegaban las personas. Por el hecho de ser de la misma etnia taurepang, con la mayoría de adventistas de las dos nacionalidades, la comunicación y adaptación no fue difícil porque hablamos el mismo dialecto y tenemos el mismo origen, aunque estamos en dos países diferentes”, explica Alves.


Con el aumento de la población, fue necesario obtener ayuda para conseguir alimentos y otros artículos (Foto: Henrique Rodrigues)

En colaboración con el Ejército Brasileño, la comunidad ha recibido a todos los que están logrando atravesar la frontera y mantenerlos seguros. El comandante de la base militar de apoyo de Pacaraima, coronel Antonio Vamilton, aclara que aun con todas las dificultades en la frontera, ellos han ayudado a muchos venezolanos, principalmente en casos de emergencia. “Estamos logrando ayudar a todos los inmigrantes con instalación, seguridad y cuidados básicos, y con la creciente inmigración, estamos planeando medios para recibirlos con el máximo cuidado y apoyo que podamos”, afirma.

Ayuda providencial

Con el aumento significativo de la población de la comunidad en tan poco tiempo, las provisiones de alimentos y alojamiento se agotaron rápidamente, llevando a toda la comunidad a pasar por un momento de escasez. Frente a esto, la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA Roraima),  en colaboración con el Ejército y organizaciones humanitarias, recaudó cientos de colchones, frazadas y una tonelada de alimentos, además de organizar un equipo de voluntarios para el traslado a la comunidad indígena, esto sucedió el día 2 de marzo.


Artículos recaudados para atender a los refugiados venezolanos (Foto: Henrique Rodrigues)

De acuerdo con el responsable de la agencia humanitaria adventista en el Estado, pastor Arlindo Kefler, con las continuas acciones para los refugiados realizadas por el Estado, ayudar a esa población era una necesidad. “Trajimos esos suministros para amenizar el hambre y el dolor que están sintiendo y para que puedan tener el mínimo de dignidad para vivir con sus familias”, resalta.

Marturino Pérez, uno de los refugiados, cuenta que no tenían otra alternativa que cruzar la frontera, por causa de toda la tensión y el sufrimiento que estaban pasando. “No teníamos ningún apoyo del gobierno, ni como venezolanos o como indígenas, por eso vinimos a Brasil. Agradezco inmensamente por toda la ayuda que estamos recibiendo, especialmente por esas donaciones, porque necesitamos mucho de ayuda, desde los niños hasta los adultos y ancianos”, señala.

Una integrante de la comunidad, Luciana Gonçalves, explica que recibió a todos los refugiados con mucho cariño. “Es un placer ayudar a nuestros hermanos venezolanos, pues ellos están pasando necesidad y nosotros debemos ayudar “, afirma.


Niña observa la entrega de donaciones mientras aguarda ser atendida (Foto: Henrique Rodrigues)

“Tenemos muchos niños, mujeres embarazadas y ancianos, tanto brasileños como venezolanos, y una ayuda como esta es una bendición de Dios, porque nos fortalecen y nos dan medios para ayudar mejor a los refugiados”, cuenta el  tuchaua Aldino Alves.

Para el responsable de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la región noroeste de Brasil, pastor Gilmar Zahn, esa primera ayuda es fundamental, pero se necesita hacer mucho más todavía. “Estamos aquí con ADRA y el Ejército Brasileño para dar esa primera ayuda y también para hacer un sondeo de la situación actual, para recaudar medios para ayudar más efectivamente a todos los habitantes de esa comunidad, brasileños y venezolanos”, resalta.

Voluntariado

José Lopes es venezolano y no adventista. Conoció a ADRA a través de una voluntaria que lo invitó a ir a la iglesia. Recibió la invitación a participar de la ayuda humanitaria y vio en eso una  oportunidad de hacer más por las personas. “Ese es un llamado del corazón y resolví atender a ese llamado. Yo soy venezolano, sé cuán difíciles están las cosas allá, y poder ayudar a mis compatriotas es lo mejor del mundo para mí”, afirma emocionado.


La comunidad está compuesta por un número significativo de niños (Foto: Henrique Rodrigues)

Cerca de 20 voluntarios salieron de Boa Vista, capital de Roraima, hasta Pacaraima para realizar la distribución de suministros en la comunidad indígena. Muchos no son miembros de la Iglesia Adventista, pero aceptaron la misión de ayudar a otras personas.

Según Gizele Marques, una de las coordinadoras del equipo de voluntarios, saber que se puede hacer algo para amenizar el dolor y el sufrimiento de los refugiados motiva a los voluntarios a donarse de corazón para realizar las acciones solidarias. “Al pasar ese tiempo con ellos, notamos que necesitan de toda la ayuda que existe, no solo material. Y eso ha hecho la diferencia, no solo para ellos sin que también para nosotros, pues así podemos donar más que suministros, podemos donar más cariño y amor”, resalta.


Voluntario ayuda a servir comida a los integrantes de la comunidad (Foto: Henrique Rodrigues).

“Es lindo ver como la comunidad brasileña abrazó a sus compañeros venezolanos, compartiendo con ellos su comida, sus viviendas, con la intención solo de acogerlos. Por eso, ahora entra ADRA, la Iglesia Adventista de manera general en esa región, con medios para ayudar todavía más a esas personas que sufren tanto, no solo materialmente, sino que también espiritualmente, para que logren en el Señor el apoyo necesario para sus vidas”, subraya el pastor Wiglife Saraiva, responsable de la Iglesia Adventista para parte del  Amazonas y el Estado de Roraima.